El nacimiento de Acuario.

Después de un buen rato aquí estoy de regreso ahora les traigo la leyenda de cómo nació la Constelación de Acuario es una historia bastante interesante que al menos  yo no conocía hasta hace poco así que aquí se las dejo.

 Después les trago los datos de cómo nació su signo 😀

para ver la leyenda dale aqui—>

Ericthonius, el primero en aparejar cuatro caballos a una carroza, era el más rico de los mortales. Tenía un hijo que se llamaba Tros, señor de los Troyanos. De él nacieron tres jóvenes inmaculados: Ilus, fundador de Ilium, Assaracus y Ganimedes, el más hermoso de todos los nacidos de la raza humana. Tros amaba a Ganimedes desde el fondo de su corazón y dispuso guardias y tutores para que lo cuidaran mientas luchaba o montaba con los perros de caza, o nadaba por las corrientes y rompientes del cálido Mediterráneo.

Un día, mirando hacia abajo desde el trono del Monte Olimpo, Zeus espió a Ganimedes en los prados del Monte Ida, jugando con sus amigos bajo la mirada de sus tutores. Instantáneamente, el Rey del Cielo se enamoró de los muslos del joven troyano. Zeus se sacudió a sí mismo y se convirtió en águila poderosa. Se lanzó hacia abajo en picada hacia el mundo de los hombres. Lanzando rayos hacia cada lado, creó una enorme tormenta que convirtió el día en noche. Bajo la cubierta de la tormenta el águila majestuosa agarró con ternura al joven con sus garras. Los guardianes intentaron detenerlo mientras los perros de caza ladraban enloquecidos. Haciendo caso omiso, el dios y el joven se elevaron más y más alto y se desvanecieron en la nada.

En un abrir y cerrar de ojos, los dos llegaron al Olimpo. El águila plegó sus alas, se sacudió una vez y recuperó su forma divina. Llevó a Ganimedes a la cama y lo nombró servidor del vino (un alto rango en las cortes reales consistente en servir vino en la mesa real). Pero para hacer lugar para Ganimedes, Zeus tuvo que despedir a Hebe, la hija de Hera y suya propia, quien servía las bebidas en las festividades divinas. Hera vio todo eso y se enfureció en odio y celos.

Todos los otros dioses se regocijaron de tener a Ganimedes entre ellos, por su belleza llena de gracia. Ganimedes pensó que servir néctar a los inmortales era algo estupendo y cuando llenaba la copa de su amante (Zeus) se aseguraba de besarla primero y darle media vuelta mientras la ponía en manos de Zeus.

Mientras tanto en la Tierra, el corazón de Tros estaba colmado de una marga y cruel amargura sin saber dónde la tempestad divina había llevado a su hijo. Lloró lágrimas infinitas. Incluso Zeus estaba conmovido por su dolor. Envió a Hermes como mensajero, haciendo saber a Tros que su hijo estaba entre los dioses, inmortal y por siempre joven. Zeus dio a Tros un par de yeguas briosas a cambio de su hijo, capaces de caminar sobre el agua e inmortales. Las mismas que llevan a los inmortales. El corazón de Tros se llenó de regocijo y alegría conduciendo sus nuevos caballos tan rápido como el viento.

Hera, aparte de ella misma, desató su ira destruyendo a los troyanos. Pero Zeus, agradecido por el amor de Ganimedes, hizo un lugar a Ganimedes entre las estrellas como Acuario, el portador del agua. Allí se mantiene erguido, sonriendo, derramando néctar y escudado hasta este día por las alas de la constelación del Águila

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