Descansa en Paz – Descansa en Gracia.

Un año se dice fácil, tantas cosas que han sucedido desde aquel lúgubre día y de sol bastante débil, apenas el día anterior había ido a visitar al hospital a mi padre, el yacía en una cama dura y con un montón de sabanas y cobijas sobre su ser, recuerdo que casi no se movía pero aun así no perdía su buen humor, decía que la comida del hospital era horrible pero que al menos podía comer, recuerdo que jugaba diciéndonos que cuando saliera del hospital comería sin lugar a dudas una gran torta de lomo, aun que su estomago no se lo permitiera; mi hermana y yo disfrutamos entonces de su compañía unos minutos mas y luego besamos su cabeza y le dimos un ultimo abrazo, y dejamos entonces a mi abuela, para que continuara a su lado.

Ese mismo día había acordado con mi madre, que esa noche seria mi turno para cuidar a mi padre, yo perdía el tiempo escuchando música, mientras esperaba la llamada de mi madre, sin embargo pasaban ya de las 11:00 p.m. por lo que decidí acostarme,  no sin antes rezar una plegaria a mi padre, esa noche me fue un tanto difícil conciliar el sueño, por obvias razones, pero finalmente pude dormir, el siguiente recuerdo que viene a mi mente es escuchar a mi hermana entrar a mi cuarto con un llanto profundo, a pesar de que mi lógica es muy audaz, esa noche simplemente no deseo interpretar nada, ella dijo algo, sin embargo lo escuche a medias, pero no entendí nada, me pidió el acta de nacimiento de mi padre y otros papeles, le indique donde estaban y retome el sueño.

Unas horas mas tarde, mi madre entro a mi cuarto y me dijo lo que mas temía, mi padre había fallecido hacia unos momentos atrás, inmediatamente entre en un corto estado de shock, y mis lagrimas comenzaron a brotar, como podía ser, que mi padre, aquel hombre que había luchado toda su vida por nosotros su familia, simplemente hubiera dejado de existir, como podía ser la vida tan injusta, fue entonces cuando todos mis sueños se desmoronaron, aquel día que tanto anhelaba, aquel legendario día en el cual mi padre se levantara de su maldita silla de ruedas, que parecía que lo tenia atado a ella, como podría ser entonces que todo terminara así nada mas.

 Al despertar ya con el sol a su máximo esplendor, deseaba aquellos eventos de la noche anterior fueran tan solo una horrenda pesadilla, sin embargo antes de que pudiera hacer alguna estúpida suposición de lo ocurrido anoche, alguien toco mi puerta y me dijo que era hora de  levantarse, que teníamos que ir al velorio de mi padre, después de que unas cuantas lagrimas rodaron por mi rostro, y mientas me alistaba, el único pensamiento que tenia era

–Tengo que ser fuerte, tengo que ser fuerte…No llorare, los hombres no lloran…

Sin embargo en ese mismo momento llego mi abuela, y por alguna extraña razón me di cuenta de que quizás perder a mi padre era un sentimiento sumamente amargo, sin embargo de alguna forma mi abuela me transmitió el vació y el sufrimiento que sentía con tan solo una pequeña mirada, me quebré en mas de un millón de pedazos mientras me sentía abatido, y llore tan hondo y amargamente, que sinceramente nunca me había sentido tanta tristeza dentro de mi ser, pensaba que era terrible que mi abuela tuviera que enterrar a su propio hijo!!! no se supone que las cosas sean así…

El día fue eterno en la funeraria, poco a poco llegaba gente, que quizás solo había visto un par de veces en mi vida, luego llegaron mis mejores amigos y me dieron el pésame, pero sin lugar a dudas el abrazo de otro amigo, Héctor; fue el abrazo que mas me reconforto, realmente se aferro a mi delgado cuerpo y me hizo sentir que hacia lo correcto confiando en él, sin darme cuenta la funeraria estaba  llena de familiares de mi padre, y de mi madre, sin embargo tengo que admitir que el momento mas difícil fue cuando nos acercamos a ver a mi padre en su féretro, simplemente nunca haba requerido de todo mi valor para poder afrontar el cuerpo sin vida de mi padre, múltiples lagrimas de impotencia brotaban de mi rostro y se arrastraban a través de mis mejillas. Al día siguiente al medio día ya había sido sepultado, el cuerpo de mi padre, y por alguna razón me sentía optimista, me gusta pensar que aparir de ese día tendría alguien quien me tendiera la mano desde arriba.

Tengo que admitir que perder a mi padre, es algo que me puede demasiado en el alma, pues recuerdo que desde pequeño mi padre me ha enseñado demasiadas cosas, es como si fuera un libro de la vida, sus conocimientos me han servido aun en día, y se los agradezco desde lo mas profundo de mi ser, me enseño a ser fuerte, a luchar por lo que anhelo, a soñar lo mas alto que puedo, y por supuesto a amar la vida; cabe señalar que a lo largo de mi vida he tenido un montón de tropiezos y sin embargo no tengo un solo recuerdo malo acerca de mi padre, espero sinceramente algún día llegar a ser un gran padre como el lo fue para mi.

Uno de los recuerdos que mas tengo presente de mi infancia, tal vez el mas antiguo, es uno en el que estoy en rancho de mi padre, el recorre un pequeño pasillo fuera de la casa, el cual conduce hacia un terreno amplio en el cual esta un cocedor, un montón de arboles de granadas y en el centro un gran álamo, mi padre camina en dirección al álamo y yo lo sigo tan rápido como puedo, sin embargo mi capacidad para caminar no era la mejor en esa época, por lo que al no ver un par de escalones, caigo precipitadamente al suelo, lastimando mis rodillas, y de inmediato comenzando a llorar, mi padre se acerco a mi y me levantó, y después de un fuerte abrazo me dice mientas me sacude.

-Los hombres no lloran, mijo.

Esas palabras me han marcado sin lugar a dudas, hasta el día de hoy..

 Tengo que admitir que hay veces en las que me siento decepcionado de mi ser, pues tras cuatro años en los que duro la extraña enfermedad de mi padre, y en los cuales le ayude un sin fin de veces a pasar de su silla a la cama o alguno otro lugar, siempre lo sujete con todas mis fuerzas, pero el ultimo día que estuvo en mi casa, deje que mi padre cayera al intentar según yo al acomodar su pies, mi padre cayo de espaldas al suelo y se abrió parte de la nuca, corriendo inmediatamente su preciada sangre, aparte de eso, hay que sumarle su dificultad para respirar la cual quizás solo agrave mas, me aflige no haber podido haber hecho algo mas, sin embargo creo que las cosas tenían que ser así, pues me considero fuerte de corazón y quizás solo yo hubiera podido soportar algo como ello, a partir de este suceso mi padre partió al hospital y de ahí no regreso nunca mas a su casa.

A pesar de todo, creo que agradezco que mi padre finalmente pudiera descansar, pues a pesar de que él no quería dejarnos, pues siempre nos demostró que somos lo mas preciado que pudo haber tenido, sin lugar a dudas; sin su esfuerzo hoy en día muy probablemente hoy en día ni siquiera trabajaría, o quizás seria un inútil, padre te amamos y esperamos que donde sea que te encuentres tengas al fin el descansó que te mereces, y quizás algún día te alcancemos y regresaremos a tu lado, y seremos felices por tener un padre tan cariñoso y amoroso como tu, nunca te olvidaremos.

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